Preparar un concierto supone: Estudio, presentación, buena imagen, vencer el pánico escénico, concentración, una ejecución precisa y talentosa = ¡Éxito!


Acabas de echar el último vistazo a las partes más importantes de tus partituras, calientas los brazos y tus manos, especialmente tus dedos si eres pianista.

Te ves al espejo: tu traje, tu camisa, tus zapatos están perfectos, te ves a ti mismo a los ojos y ves que la persona que está al otro lado también está preparada, respiras hondo esperando un momento, mientras sientes uno o dos latidos de tu corazón, antes de soltar el aire lentamente.

Sales de tu camerino con paso firme y empiezas a sentir el murmullo de la gente; te paras, miras el reloj, llegó el momento, «esperan lo mejor de ti».

Eres el protagonista, todas esas personas te están esperando, deseando ver algo especial, extraordinario, algo que no todo el mundo es capaz de hacer.

Eres un privilegiado. ¡Entra! ¡Disfruta!


Pero no hace falta ser pianista, o músico solista en general, este tipo de situaciones ocurren a menudo en nuestra vida personal o profesional: Una conferencia ante empresarios, una exposición de un tema profesional, defender una idea ante un grupo de personas.

¿Qué se espera de mí cuando me enfrento a una situación donde el éxito y la derrota parecen estar separadas por una fina cuerda floja por la que tienes que pasar sin caer al vacío?

No todas las situaciones en nuestra vida están separadas por por una cuerda floja, suele ser bastante más ancha y debajo de ella no suele haber un precipicio. Esas son las situaciones que controlamos porque nos suceden muy a menudo con personas conocidas que ya saben cuales son nuestros defectos y virtudes. Digamos que son situaciones cotidianas a las que estamos acostumbrados a enfrentarnos.

Otro tipo de situaciones como las que comentamos más arriba, ser concertista por ejemplo o dar una conferencia, no es algo a lo que en principio podamos estar acostumbrados de forma cotidiana, que suelen hacerse ante personas que no conocemos y que nos van a juzgar a partir de lo que vean en el rato que estemos delante de ellos. Son situaciones donde la cuerda floja es estrecha y la caída puede ser mayor. O por lo menos para una mente que no está preparada para enfrentarse a este tipo de retos.

Este es un tema que se podría desarrollar de forma abundante pero a lo que vamos:

Ser concertista, o realizar una actividad parecida, te hace desarrollar unas capacidades especiales para enfrentarte y salir con éxito de situaciones similares a esta. Aprendes a controlar la presión, la tensión del momento, a controlar los tiempos, la presentación y la compostura te puede ayudar en tu vida profesional a realizar presentaciones, conferencias y cursos con un éxito rotundo.